domingo, 1 de febrero de 2015

Movida Maker: podés sumarte o mirar de afuera.

Desde que Chris Anderson (la semideidad maker más famosa) tiró la posta diciendo que el movimiento maker sería la punta del iceberg de la tercera revolución industrial, muchos levanta-data-de-internet comenzaron a googlear de qué se trataba este yeite.

Algunos se avivaron ahí nomás que existía la posibilidad de transformar rápidamente ideas digitales en físicas reales, a través de las máquinas de control numérico, desayunándose que hace décadas que existe la impresión 3D y los pantógrafos; otros se enteraron que existían unas plaquitas que se llamaban Arduino, que permitían a (casi) cualquier homo-sapiens-sapiens dársela de ingeniero electrónico, y flashearon cuando se supieron que las habían hecho unos tanos copados hace como diez años atrás.

Todos se sorprendieron de lo cerca que estaba la ficción: momento en el que cualquiera de nosotros puede producir sus propios artefactos y que parezcan hechos por gigantes de la industria de los productos. Sin embargo, salvo los que estamos metidos en el “nicho”, muchos todavía ignoran de qué se trata la movida y cómo impacta en sus negocios. En otras palabras, muchas personas están caminando la Green Mile y no se enteraron.

La tecnología, unida a la corriente del código abierto y a la era de la información, generaron una mezcla difícil de digerir para las grandes empresas de productos. Cualquiera con buenas ideas y voluntad de aprender (pilares del movimiento maker), puede diseñar, prototipar, producir y comercializar un producto de diseño que compita en las grandes ligas.
La pregunta es, ¿cuál es el alcance de este impacto del movimiento maker en la industria? Se me ocurren, a modo de ejemplo, las siguientes áreas:
  • Producción: cualquier gerente de producción de una multinacional dice que para que un producto llegue al mercado global no pueden pasar menos de dos años. Estimados gerentes, los invito a ver Quirky, hicieron productos en cuatro semanas, desde la ideación a las tiendas. La lógica es fácil, un poco de Design Thiking por acá, otro de Lean Startup por allá, mucho Internet (conocimiento) y bastante prototipado (maker), et voilà.
  • Recursos Humanos: los de RRHH siempre están en discusiones filosófica si la generación Y, W, X o Z. No estoy seguro qué letra le corresponde a la “generación maker” (¿será acaso la generación M?), pero lo que sí estoy seguro es que sus próximos recursos humanos van a tener la lógica del “hágalo usted mismo” incorporada. Generaciones que nacieron en la era del conocimiento y que, para potenciarlas, pusimos en sus manos medios de producción. Son chicos que hoy hacen sus drones, robots, impresoras o patinetas inteligentes. Algo más inquietos que los que vinimos con la computadora bajo el brazo. Para asombrarlos, motivarlos y retenerlos van a tener que entenderlos.
  • Posicionamiento de marcas / Marketing: ¿alguien todavía cree que un cartel en la Gral Paz tiene mucha influencia sobre su marca? Está comprobado que los consumidores presentan mucho más atención a las experiencias que a un cartel. Crear experiencias es hacerlos parte y formar equipo. Estas experiencias se realizan mediante llamados de atención inclusivos e innovadores. El movimiento maker es participativo por definición, una experiencia en el que el público objetivo se vea involucrado será de mayor valor y alcance que un cartel. A través de la lógica maker se puede invitar e involucrar a todos a ser partícipes de su experiencia. Estos contenidos viralizan mucho más fuerte que cualquier institucional que se le pueda ocurrir al mejor crack del marketing.
  • Innovación / I+D: los procesos de investigación y desarrollo convencionales llevan años, y mucho dinero. Las empresas que se suman a la lógica maker para su I+D, tendrán un diferencial por sobre las que no lo hagan. Entender cómo intentar, fallar y volver a intentar rápidamente, a bajo costo es fundamental para lograr innovación genuina que impacte tanto en productos como en procesos.
Si todavía no se convencieron que tienen que entender y aprender un poco más de esto para ser competitivos en el futuro cercano, lo único que les puedo decir es que probablemente compartan el purgatorio de las empresas que el futuro temprano se las devoró.


Alejandro Repetto

@ajmrepetto

lunes, 6 de octubre de 2014

Emprendiendo a pesar del Estado

"Siempre seguí la misma dirección,
la difícil, la que sigue el salmón."

Escuché mil veces el cliché del emprendedor que rema y se esfuerza. Siempre me molestó esa mítica. En cualquier conferencia o workshop medio pelo hay gurúes (de dudosa procedencia) diciendo lo difícil que es esta tarea de crear una empresa, casi desalentándonos a hacerla. Para no caer en lo mismo que dicen todos, mi historia de desincentivo tiene que ver con el Estado, esa máquina que pone palos en la rueda continuamente en pos de la igualdad y la justicia.

Hace casi dos años que venimos trabajando con NETI, dándole forma a la primera empresa totalmente privada, independiente, que promueve el movimiento maker. Una movida cuyo espíritu es igualar. Igual mediante la producción y el progreso. Poner conocimiento y herramientas en manos de quienes tienen ideas.

Nuestro diferencial, desde el inicio, lo planteamos a través el profesionalismo y la formalidad. Sin dejar de ser descontracturados, nos preocupamos por las formas, por cumplir con clientes y proveedores y por encarar este proyecto con la mayor rigurosidad legal posible. A a diferencia de la mayoría de iniciativas similares que se acercan más al club de amigos que a una empresa, nosotros decidimos tener abogados, contador, inscribirnos en IGJ, en AFIP, y ese tipo de cosas que hace alguien que roza lo inconsciente.

El trajín empieza, como sabíamos, con la lucha con (o contra) la Inspección General de Justicia (IGJ). Este paso es turbio desde el inicio. Hay un trámite normal y uno rápido. El rápido tarda unas 3 semanas en salir (y el costo es 4 veces el anterior). El normal no se sabe cuánto tarda, en general lo demoran para que la gente no lo haga. Es más, desde que la IGJ fue camporizada, no hay reglas claras de procedimientos. Además, la IGJ solicita bloquear el 20% del capital social durante el proceso del trámite. Es decir, mientras los chicos de la Cámpora juegan a la play y ven si te aprueban o no la creación de tu empresa, otros chicos de la Cámpora, que manejan el Nación, te biciletean la plata que los primeros te obligaron a depositar (y que no rinden ni siquiera un interés básico). Peor aún, para coronar la estafa estatal, te cobran el trámite de depósito y extracción en concepto de uno-vaya-a-saber-qué.

A esta altura, ya estaba prefiriendo ir a andar en bici por La Boca y cruzarme con el motochorro. Me parece más digno que me roben así.

Luego de la primera sesión de vejaciones estatales, siguió el villano del nivel dos: la AFIP. Asesorados por nuestro abogado y contador, luego de certificar N papeles por escribano, voy en mi primera peregrinación a AFIP.

Al llegar, me atiende una señorita muy amable que toma todos mis papeles, saca un resaltador rosa y se pone a subrayarlos, sin mediar palabra. Luego de un par de minutos me dice: “Te falta todo esto”, y anota de su puño y letra una lista de 6 ítems. Desconcertado, salgo, llamo a mis asesores y me dicen casi a coro “Si, es que depende de la agencia de la AFIP que te toque y del empleado que te agarre los papeles”. O sea, si se quiere ser un poco más sincero (o más hiriente), depende de la cara de boludo que te vean cuando presentás las cosas.

Como soy cabeza dura, y no pensaba caer en la tentación de palanquear el trámite usando unos cuantos devaluados Rocas (Evitas jamás), volví a por los papeles que faltaban, no sin antes la parada obligada en la escribanía. Que para esa altura ya le había pagado un par de cuotas del colegio privado bilingüe a los hijos de la Dra.

Papeles en mano de nuevo (y listita de puño y letra de la señora de AFIP con los faltantes), me sentía un campeón. Llego nuevamente, a las 15.55hs (5 minutos antes del cierre), anuncio mi trámite y la señora (la misma que antes) me dice: “Uh, qué divertido, llegás 5 minutos antes del cierre”, con unas pocas veces vistas ganas de trabajar. Revisa mis papeles nuevamente y me anuncia lo peor: “Te faltan tres certificaciones más”. Hago notar que no estaban en la lista que ella había realizado y responde lo peor: “No tengo la obligación de escribirte todo, para eso están las regulaciones que son públicas”. Amablemente, me levanto al grito de “son una máquina de impedir” y descargo (casi) toda mi ira maldiciendo al Estado, su burocracia y sus empleados.

Llamo nuevamente a mi abogado quien me hace notar que me había tocado una delegación de AFIP complicada. Gran hallazgo. Me anuncia, para que me calme un poco, que no me preocupe. Que uno de los papeles que me pedían de más, lo iba a tener que hacer igual porque la IGJ me había rebotado el trámite. Así que había que firmar todo de nuevo. Me quedo más tranquilo (¿?), no sólo me sodomiza la AFIP sino que, a la vez, la IGJ.

Tercer intento. No podía fallar. Todos me decían que no había otro documento posible para presentar. Ahora sí era un campeón. Llego a la oficina de la señora de AFIP, muestro todo. Lo revisa. Lo analiza. Agarra todos los papeles. Va al fondo a hablar con alguien. Sudo. Vuelve. Me dice, “este documento no está certificado”. “Señora, es un documento original”, digo. “Si, y tiene que estar certificado”. La miro con cara de odio, frustración, desidia, pienso muy fuerte en Bombita, de la peli Relatos Salvajes. Me acuerdo que soy un cabeza dura y le voy a ganar al sistema.

Corro al escribano a que certifique ese documento. La escribana me dice “Vas a creer que estamos en complot con AFIP”. Jodeme, nunca se me había ocurrido en las últimas cuatros veces que te vi y dejé un par de alquileres por vernos firmar. Vuelvo corriendo a AFIP. Me dan el CUIT. Lloro de emoción. Mando el mail al abogado, al contador, a mis socios, a mi viejos y a todos los que me están mirando.

El contador me responde “Felicitaciones, ahora tenés que inscribirte en la AGIP y, para facturar, hacer otro trámite en AFIP”.  A esta altura coqueteo con un ACV, la presión por las nubes.

Si me pasa algo, no miren ni a oriente ni al norte. Miren a la AFIP.

Alejandro Repetto
@ajmrepetto



PS: lo único lindo que saqué de esta experiencia es que me hice un poco más libertario. La inutilidad suprema del estado está a la vista. Sueño mucho con Nozick y Rand

miércoles, 18 de junio de 2014

Las patentes no son lo que solían ser (Tesla tenía razón).


El mundo cambió, no hace falta que se los diga. Antes el conocimiento era limitado y de difícil acceso. El que tenía una idea, si era un poco más rápido que su vecino, tenía un diferencial de mercado. Antes la propiedad intelectual, como acto de apropiación de una obra, tenía sentido. Parecía que todo era nuevo, que todo era único, que nadie se inspiraba (en el buen o el mal sentido) en lo que otro había hecho. Esto ya no es más así. Las patentes no son lo que solían ser (aunque en realidad nunca fueron del todo útiles y mucho menos justas, ver Plagios Históricos).

La era del conocimiento (A.K.A. Internet de fácil acceso) hizo que todos los que tienen ganas de hacer algo, tengan la ciencia a alcance de la mano. Hay hacks para lo que queramos y, si bien no está todo inventado, es altamente improbable generar una idea que no colisione con una idea similar (sino igual) en un par de miles de sitios de la Internet. Los desafío a seguir los siguientes cinco pasos: (1) tomen la idea que crean más innovadora, (2) googlen, (3) deprímanse, alguien seguro que ya lo pensó, (4) dejen de llorar, (5) mejórenla, encuentren otros usos, contacten a las personas que ya tuvieron experiencia y colaboren.

Este cambio generó grandes negocios y dejó atrás a otros tantos que eran menos aptos para la evolución humana, darwinismo puro. Contrariamente a lo que se creyó en un primer momento, los nuevos negocios abiertos trajeron más utilidades que los viejos modelos. Cambió la manera de hacer plata con la música, con el cine, con los libros y, así, poco a poco, fue devorando todo lo que tenía que ver con la protección de ideas cerradas, obligándonos a migrar a la era de la colaboración y construcción abierta. El que más dinero gana es el que mejor sabe colaborar, el que sabe poner su conocimiento al servicio de la humanidad. Esto genera un círculo virtuoso en el que hay que saber, hacer y compartir para ganar. Y cada creación dispara un sinfín de nuevas ideas. Una bola de nieve de evolución tecnológica, casi la clave de la singularidad.

Hace unos días la empresa Tesla, de autos eléctricos, decidió liberar todas las patentes. Eso quiere decir que no existe ninguna limitación para acceder a alguna de las creaciones únicas de Tesla y reproducirla o mejorarla para uso propio o, inclusive, comercial. Otro caso es el de Microsoft, otro gran jugador del mundo de “lo cerrado”, quién abrió la posibilidad de adquirir licencias bajo las cuales pone a disposición el código fuente de Windows. Así, las empresas se van descontracturando, van encontrando otra manera de hacer negocios sin privar al mundo del conocimiento que lograron. Logrado, después de todo, en base a conocimiento previo que a esta altura se torna imposible de tracear hacia atrás.

Lejos está esto de quitar mérito, reconocimiento y loas a los inventores. De los locos que crean depende el progreso, parafraseando a Bernard Shaw, pero el mundo de los negocios cada vez hace más foco en reconocer el conocimiento en sí mismo que el producto que ese conocimiento crea. Para ser claro, paga mejor – y es más loable – implementar una buena idea y hacerse consultor en la materia que patentar esa idea y tratar de vivir de regalías.


Plagios Históricos
Más allá de la aceleración de estos cambios de paradigmas, las patentes históricamente no dieron solución a todo. Por ejemplo, la invención de la radio, atribuida a Marconi, fue disputada por Tesla a quién en realidad se le dio la patente en EEUU. Caso similar es el de la patente del teléfono, cuya patente fue registrada por Bell en 1876, pero el primer registro del aparato es de un italiano llamado Meucci quien no pudo patentarla por andar corto de cash. Le faltaban 10 dólares, cuenta la historia. Si venimos un poco más para este siglo, el genio Steve Jobs no inventó el iPod (lamento romper corazones), Kane Krame patentó el dispositivo base en 1979.

Y esto no termina acá, lo mismo pasa con el conocimiento científico. Un error terriblemente repudiable y causal de quedar fuera de todos los congresos es no citar idea de terceros en trabajos de investigación. Se dice que Einstein “olvidó” citar a Lorentz y a Pointcaré en su trabajo sobre la relatividad. También, se comenta que a Newton no lo inspiró la manzana, sino más bien un paper de Hooke que había leído por ahí.

Más allá de estas, y algunas otras tantas, perlitas de la historia de la propiedad intelectual, la humanidad avanza, el iPod es un éxito, Newton y Einstein fueron dos grosos de la física y Tesla tenía razón (¿?). Hoy, tratar de hacer una traza hacia atrás de las ideas o inspiraciones que desembocan en un nuevo producto o hipótesis, se torna tan dificultoso como inútil.



Alejandro J M Repetto
@ajmrepetto 

viernes, 28 de junio de 2013

Partido de la Red: el paraíso del opinólogo?

Hace rato viene dando vueltas por las redes sociales la iniciativa del Partido de la Red. En el último tiempo tuve la oportunidad de ir a una de sus reuniones de presentación y, hace algunos días, de reunirme con mi gran amigo Alejandro Sewrjugin (de quién recomiendo su blog 3RA REVOLUCIÓN), un militante activo de la idea que proponen.


La iniciativa, vista desde la perspectiva experimental, me parece divertida sin embargo le sigo encontrando uno cuantos puntos flojos en su concepción, a saber:

1-    Punto de partida equivocado. En el pitch del partido siempre ponen como punto de partida que la gente no participa en política porque no se les da la oportunidad o porque ven a la política como algo sucio. No se plantean nunca que, quizás, mucha gente no participa porque simplemente no le interesa, no tiene tiempo, prefiere dedicar su tiempo libre a la pastelería o a la botánica y no a la política, o lo que sea.
Me atrevo a decir que la mayoría de las personas está feliz con relegar sobre el estado, en mayor o menor medida, sus decisiones de la vida. Inclusive siendo participante activo en la política, en lo personal, prefiero que otro se ocupe de las políticas sociales, de transporte, de educación, de seguridad… otros que sepan lo que hacen, bajo principios bien definidos, claro.

2-    Tendencia a la opinología. Por más información que haya en los foros de discusión, no queda claro por qué doña Rosa va a estar en capacidad de votar si está bien subir un impuesto o cambiar el plan de estudios de un colegio secundario. Inclusive, no queda claro cómo los foros de discusión, donde dicen que pondrían posturas contrapuestas/complementarias a debatir la idea, se diferenciarían de hacer zapping entre TN y 678.
La “magia” de la estructura representativa está en que uno confía su voto a una persona o partido con el cual comparte principios. Ese partido, se supone, se rodea de asesores especialistas que analizan el impacto de cada acción de manera seria para ir hacia la dirección que pregonan. Está claro que esto falla el 98% de las veces, pero la falla está en la corrupción y no en el sistema representativo, que supone delegar en quién sabe.
Para ser claro, con una analogía, si me siento mal voy al hospital donde hay un conjunto de expertos que pueden analizarme de distintas perspectivas y darme una cura. El partido, parece proponer que si nos sentimos mal hagamos una reunión de consorcio y veamos si nos tomamos una aspirina o un sertal.

3-    Solución basada en la herramienta. Parece preponderar mucho más el peso de la herramienta colaborativa por sobre el concepto de cambiar la política. Esta observación no es menor, indica que hay más técnicos que políticos por detrás. Es común entre los ingenieros creer que todo se soluciona con una herramienta de workflow, un foro y una base de datos.
La herramienta me parece interesante, pero dista de ser la solución al problema, inclusive asumiendo que la solución al problema es la “directización” de la democracia. Sin un trabajo serio sobre la educación, someter cada movimiento de la vida política de un país a un plebiscito terminaría no muy lejos del resultado de la película Idiocracy.

4-    El riesgo del vecino. Al votar un muppet de la red, sin posibilidad de declararse en rebeldía (aunque formalmente no bloquee la posibilidad de borocotización), puede ser que votemos a un representante que vote en contra de nuestros principios a nivel personal. Quizás suena banal en si vota a favor del cambio de nombre de una calle o de declarar el 30 de febrero como día nacional del postre vigilante, pero en cuestiones más complejas, como podrían ser el aborto, la ley de fertilización asistida, el casamiento igualitario, la eutanasia, en general la gente tiene opiniones morales formadas. Nada garantiza que la red (o sea el vecino que va a votar en la plataforma) imponga su mayoría local para que el muppet ejecute un voto contra-voluntario de quién lo puso allí. La imprevisibilidad de la red está considerada como uno de sus mayores beneficios por quienes apoyan la idea pero ya lo dice el saber popular, aprovechando la inteligencia colectiva, si miles de moscas comen mierda, no garantiza que el resultado sea bueno.

Además de estos puntos estructurales, existen otras cuestiones estratégicas que quedan en el aire, sin respuestas concretas. Por ejemplo, ¿cómo lograrán bajo su concepción, acceder al verdadero poder para imponer el nuevo régimen? o ¿cómo se votaría un ajuste económico, de ser necesario? o, uno más importante, ¿en el estado actual de país, es estratégicamente inteligente buscar dividir con un partido nuevo a cerrar filas sobre lo que más nos representa y tiene verdadera capacidad de ganar el poder?

Debo admitir que teniendo dos defectos grandes, soy ingeniero y participo en política, la idea a prioiri enamora. Sin embargo, creo que existiendo partidos nuevos en todo el arco ideológico, ¿Por qué no colaborar con los que más se acerquen a nuestras ideas, ir dándole poder y, tratar, al fin de imponer una idea común, que siente sus bases sobre la libertad y la educación? Hoy, me parece, que participar de este movimiento es un esfuerzo mal administrado.

Vale aclarar que ya di mi firma para que el partido de la red exista, y espero tenga el mayor de los éxitos. Sin embargo, estas dudas siguen dando vueltas en mi cabeza sin ninguna respuesta de fondo que me convenza.

Desde ya estoy más que abierto a debatir y aclarar los puntos, comenten y compartan!

Alejandro Repetto

@ajmrepetto

lunes, 24 de junio de 2013

De Futuristas y Vende Humo

Para analizar el futuro no hay título habilitante, es tan verdad como que para ser inventor no hace falta estudiar nada en particular. Sin embargo veo que en los últimos años surgieron muchos “futurólogos” que, si uno les raspa un poco la cáscara, no son más que integradores de charlas TED o lectores de blogs de Internet. Para la media de la gente, la que antes compraba la Muy Interesante, eso es el futuro. En los 90’s, autos voladores para el año 2000, hoy un tipo que en una TED, de no más de 15 minutos, cuenta cómo analizar materia oscura con un tenedor y un tubo de papel higiénico.

Señores y, por qué no, señoritas, eso no es el futuro. Eso no es ciencia. Como mucho llega al nivel de divulgación. Cuestión que se torna muchas veces insoportable porque en esta suerte de democratización de la ciencia, como en la “democratización” de casi cualquier cosa, genera un ejército de personas que creen que realmente saben analizar materia oscura porque lo vieron en una TED. Personas que son capaces de discutir una teoría al mismísimo Stephen Hawking a partir de información leída en un blog.

Para hacer un análisis serio de lo que va a venir y cómo va a impactar en la sociedad, no alcanza con spoilerear el próximo teléfono de Samsung o la siguiente creación de Apple. Confunden, los que lo hacen, el futuro con la frontera de la ciencia. Verdaderos futuristas, Paul Saffo, analizan el pasado, el presente y la frontera y a partir de eso generan escenarios, con probabilidades y sustento científico. Por eso su fama de “tira postas”.

Esto no es más que un descargo a partir de la creciente participación de personas que se dicen “futuristas” en los medios de comunicación (radio y TV sobre todo), y resumen su sapiencia a pegotear lo que vieron en twitter, en TEDxRuanda y 3 feeds de RSS de algún blog perdido.


No se deje engañar. Los autos no volaron en el año 2000 y usted no va a aprender a analizar materia oscura en una TED.

sábado, 23 de marzo de 2013

El futuro de la educación: igualdad de acceso


Todos coinciden en que el origen de la mayoría de los problemas es la educación. La educación, a su vez, se enfrenta a varios inconvenientes: presupuesto, distribución geográfica, nivelación, entre otros. El mayor de los problemas, a mi juicio, es la imposibilidad de acceso equitativo.

Pensemos en escuelas rurales, con 40 o 50 chicos de todas las edades, distribuidos en un par de aulas, con un solo maestro. Es claro que esos chicos no tienen la misma posibilidad de aprender que en la ciudad donde están, aunque sea, divididos en cursos por edades. Los maestros rurales hacen lo mejor que pueden, sin embargo están lejos de darle la misma posibilidad educativa y, por lo tanto, de progreso que a los chicos de escuelas en centros urbanos. Vayamos un poco más allá. Inclusive pensando en escuelas bien formadas, divididas en cursos como los que conocemos en las ciudades, ¿quién valida que el trabajo de los maestros sea el correcto o que todos los chicos tengan el mismo programa?

Está en boga el término “democratizar”. Bien, propongo democratizar la educación. Suena utópico, pero hoy la tecnología se pone a nuestro servicio y es totalmente factible con bajo presupuesto. Se necesita sólo una computadora por alumno y una conexión a Internet. En lo primero están trabajando los gobiernos a todos los niveles - desde el nacional los municipales -, lo segundo se soluciona con bajo presupuesto, a través de enlaces satelitales en lugares remotos o por cable si llega. Una vez desplegada la infraestructura hay que aplicar el verdadero cambio: aulas virtuales. Las aulas virtuales podrían generar cursos por edades, capacidades, intereses, especialidades, o cualquier otra división conveniente, para todos los chicos del país. 

Un aula virtual podría estar integrada por cinco chicos del Chaco, cuatro de Salta, seis de Tierra del Fuego y dos de Buenos Aires, todos conectados con su maestro que puede estar físicamente en cualquier otro lado del país (o del mundo). El rol de los actuales maestros rurales sería de apoyo, contención y disciplina, que es básicamente en lo que dedican la mayor parte de su tiempo.

Este sistema presenta varias ventajas. La obvia es el acceso, pero se pueden nombrar otras como el control, asegurándonos que no se desvíen los contenidos programáticos inculcando temáticas que no corresponden al ámbito educativo (e.g. la Campora en las escuelas); la especialización, pensando en un segundo paso donde cada chico tendrá su aula virtual no sólo en virtud de su edad y estado madurativo, sino también en virtud a sus potencialidades y gustos; la universalidad, pensando en un futuro con escuelas de este estilo a nivel mundial, como ya se puede ver en algunos institutos prestigiosos que están abriéndose a los MOOC (Massive Online Open Course – Cursos masivos abiertos online).

En resumen, el principio es muy simple: una computadora, una conexión a la Internet, y un cambio de mentalidad respecto a la educación. Esto podría presentar un impacto enorme en la próxima generación. Todos tendrían el mismo poder de acceso a la educación, abriendo un abanico de posibilidades mucho mayor al actual. La inversión es marginal y el beneficio incalculable. ¿Algún gobierno estará dispuesto a educar a las nuevas generaciones así?

Alejandro Repetto
@ajmrepetto

viernes, 25 de enero de 2013


Minar el espacio, como en el Rebellion

Uno de mis juegos de PC preferidos era (y es) el Rebellion. Para explicarlo rápido, es un juego basado en la historia de Star Wars donde uno elige uno de los dos bandos y tiene que conquistar el universo a través del desarrollo de tecnologías, la minería de recursos y algunas otras cosas que le ponen onda al juego. Uno de los puntos críticos de este juego, como casi todos los de estrategia, es la minería de recursos. Hay que ir tomando planetas y sus lunas para extraer los materiales de modo de poder desarrollar la economía del imperio.

Este juego del año 1998, que pretendía introducirnos en un mundo imaginario , no hacía ni más ni menos que prepararnos para el futuro (a pesar del “A long time ago…” de Star Wars). Hace ya cerca de un año que vengo escuchando la idea de minar asteroides para extraer metales. La idea es simple: acá, en la roca que vivimos, algunos metales son escasos mientras que todo el tiempo pasan cientos de asteroides cerca de nuestro planeta cargados de minerales. ¿Por qué no hacer naves con robots mineros que extraigan esos metales y los descarguen en la Tierra? Claro! ¿Cómo no se nos había ocurrido antes?! ROBOTS MINEROS QUE VAN HASTA ASTEROIDES Y SACAN SUS METALES, straighforward. O.o

Suena fácil, pero hay un par de cosas que hay que ver antes que esto sea realidad. Por un lado, las naves espaciales tienen que ser más baratas. El espacio exterior debe ser más accesible para que los costos de la minería cierren. En función de esto hay varias empresas trabajando, desde Made in Space (Empersa de Singularity University) que está desarrollando impresoras 3D que funcionan en gravedad cero para poder producir piezas en el espacio hasta Planetary Resources  que desarrolla sistemas orientados justamente a la explotación de metales en el espacio.

Otro punto que debe pensarse es el desarrollo en sí de los robots de minería. Poder identificar el asteroide correcto, alcanzarlo con una nave, aterrizar, minarlo (en gravedad cero) y hacer que todo eso vuelva a la Tierra, parece un tema complejo. Empresas como Planetary Resources y Deep SpaceIndustries, están trabajando en algunas ideas que piensan probar en el futuro próximo.

Más allá de los problemas técnicos mencionados, existen dos problemas más que, a mi parecer, son más complejos: el ecológico y el social. Estos dos temas no son tratados en ninguna de las notas que publican en las secciones de divulgación científica de los diarios y me parece importante tenerlos en cuenta.

Parece que todo estuviera preparado para que transformemos los elementos que encontramos en nuestro planeta en otras cosas y no que AGREGUEMOS elementos. ¿El planeta puede soportar que agreguemos agua, oro, hierro o titanio? Si puede, ¿Cuánto? ¿Hay un límite aunque sea teórico? Por otro lado, viendo la parte buena, podríamos decir que no habrá más necesidad de minería a cielo abierto junto a la necesidad de usar contaminantes acá ya que podríamos separar los materiales en el espacio.

El último gran problema es la democratización del espacio. ¿Qué impacto social puede tener la minería espacial? Está claro que en el corto/mediano plazo sólo unos pocos países podrán acceder a ese recurso. Esto, ¿aumentará la brecha entre países? ¿De quién son los asteroides? Si dos países deciden minar un asteroide, ¿Cómo se lo disputarán?

Si bien está claro que esto no pasará mañana ni pasado, pasará en el corto plazo. Antes del 2020 es altamente probable que ya, como raza humana, hayamos hecho alguna prueba seria sobre el tema. Hay mucho que ver y pensar al respecto, pero vayámonos haciendo la idea que la mayoría de nosotros, en algún momento, consumirá productos Made in Space. 

Alejandro Repetto
@ajmrepetto

Algunos videos al respecto: